El acto de alimentarse va mas allá del mero hecho de comer, de nutrirse. Nutrirse es un acto biológico. Es una necesidad fisiológica en la que aportamos nutrientes a nuestro organismo para su normal funcionamiento. Alimentarse está repleto de significados, de emociones, de ritos y tradiciones. Es un fenómeno sociocultural.

A todos nos gusta disfrutar de esas tapas con los amigos un fin de semana, la paella con los abuelos o la cena de Navidad. El desayuno diario, la comida en el cole, la cena ligera porque “ya estoy cansando/a para elaboraciones sofisticadas”; son actos cotidianos. Pero en muchas ocasiones no hacemos consciente el hecho de que todo eso implica una serie de mecanismos metabólicos que pueden conducirnos a un estado de bienestar o malestar, de salud o de enfermedad con el paso de los días. Del mismo modo, cuando afrontamos determinadas patologías nuestra forma de alimentarnos puede colaborar en el proceso de curación o llevarnos a la enfermedad crónica.

En este hermoso planeta al que estamos anclados por la fuerza de la gravedad y según la OMS (Organización Mundial de la Salud) se da un grave problema estrechamente relacionado con la alimentación: la malnutrición. Esta comprende alteraciones por defecto y por exceso. Así tenemos problemas de desnutrición (emaciación, retraso en el crecimiento e insuficiencia ponderal), desequilibrios vitamínicos y minerales. Y, por otro lado, esa “gran pandemia silente” del siglo XXI: el sobrepeso y la obesidad. De todo ello surgen las enfermedades no transmisibles y si modificables relacionadas con la alimentación. De hecho, la OMS informa que desde el año 1975 se han triplicado las personas con obesidad en el mundo y aproximadamente 800 millones acuden a su médico con problemas relacionados (enfermedades cardiovasculares, 12 tipos de cánceres diferentes, diabetes, hipertensión, aumento de riesgo de muerte y complicaciones en pacientes positivos a COVID-19; y otras) incrementando notablemente el gasto sanitario de sus países. Refleja además que 2.800.000 personas fallecen al año por esta causa.

En este universo maravilloso e imperfecto todos somos piezas de un puzle infinito. Todos, absolutamente TODOS, jugamos un papel importante. Las piezas de “al lado” no son nada si no las complementamos con nuestros entrantes y salientes. Tenemos responsabilidad cumpliendo con el mero papel de nuestra existencia ¡No es poca cosa! Entonces, ya que a todos nos toca pasar por esta vida ¿qué tal hacerlo con el mejor estado de salud que nos permita disfrutar de la experiencia, del papel que nos tocó completar hacia los que nos rodean y con nosotros mismos?

Las instituciones apelan a la responsabilidad ciudadana en el cuidado de su estado de salud y bienestar. Pero son estas instituciones y todos los sanitarios los que debemos también estar a tu servicio para ayudarte y aportarte herramientas suficientes que te permitan alcanzar tu meta. Que te ayuden a cuidar tu salud y dado que la esperanza de vida nos puede llevar hasta los 90 años, evitar estados carenciales, de enfermedad, evitar ser anciano frágil. Todos debemos hacer un esfuerzo para contrarrestar la falta de ejercicio, la sobrealimentación o el desorden en la planificación alimentaria; así como alcanzar un equilibrio emocional y un descanso adecuado.

Como dietista-nutricionista y médico; y en conexión con todos aquellos profesionales legalmente formados y autorizados en las materias de nutrición y alimentación, debemos estar volcados en ejercer un trabajo interdisciplinar que colabore con tu estado de salud.

¡Cuenta conmigo!